Niego, arrojo, me doy vuelta, cierro los ojos.
Afirmo, recojo, miro de frente y abro los ojos.
Ahí está.
Camino, piso una matita de hojas que nacen de la tierra, asoman en un cuadrado que ha dejado libre el cemento de la vereda.
Me detengo, miro y pienso que así como está ese cudradito verde en medio del cemento están los sentimientos que niego a expresar, tapándolos con calle y vereda, calle y vereda, y sigo caminando...
Aunque me de vuelta y aún vea esas hojitas ahí, que han crecido tímidas sabiendo que sobre ellas se ha construido para que podamos pasar.
Calle y vereda, calle y vereda...
y las hojas están ahí, pero bastantes pasos más atrás.
No volveré sobre ellas.
Se extiende frente a mis pies la calle lisa y llana, sin espacios para el crecimiento de otras plantas.
Y sigo caminando...
martes, 28 de octubre de 2008
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